Consumo responsable y el desafío del loop del descarte
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Entre tanto producto viral, tendencia semanal y antojo momentáneo, muchas veces nos olvidamos de preguntarnos algo básico: ¿Estamos consumiendo de forma responsable?
¡Bienvenidxs al consumo digital! Un universo a un clic de distancia, rápido y, a veces, demasiado automático.
Actualmente, a nivel mundial, más de 2.77 mil millones de personas compran mayormente de forma online, lo que representa aproximadamente un tercio de la población global.
El reporte 2025 del ONTSI arrojó que en España el 83% de las personas que usan internet compran online regularmente (más de 29 millones de personas). Así mismo en Argentina, el reporte anual de CACE muestra que durante 2025, el canal online logró captar a más de 1 millón de nuevos compradores sumando un total de 25.123.572.
Comprar en internet dejó de ser algo ocasional para pasar a ser un hábito cotidiano.
Y cuando algo se vuelve cotidiano…podemos, a veces, perder el foco de atención.
Algoritmos: los dueños de la matrix que deciden qué llega a tu pantalla y qué no.
Sabemos que el consumo digital no ocurre en un vacío sino dentro de sistemas diseñados para captar nuestra atención y guiarnos a un objetivo.
En 2025, un 54 % de los consumidores compraron un producto después de verlo en redes sociales mientras que un 81 % de los consumidores investigan online antes de adquirirlo.
Hoy el recorrido de compra es bastante más complejo. Antes de decidirnos solemos pasar por varias etapas: anuncios personalizados, reseñas, comparaciones de precio, recomendaciones algorítmicas o contenido de influencers.
Nuestro consumo está cada vez más mediado por datos, plataformas y algoritmos y esto, por más personalizado y cómodo que sea, empaña el pensamiento crítico del consumidor.
El loop del descarte
Compramos rápido, recibimos rápido y, muchas veces, descartamos igual de rápido.
No se trata sólo de tendencias pasajeras, es una lógica transversal en múltiples industrias: moda, tecnología, gadgets, decoración son algunas de las más notorias.
En moda, por ejemplo, se habla mucho de Fast Fashion, un modelo de producción que acelera constantemente la renovación de prendas (lo vemos en marcas como SHEIN, TEMU, etc), pero el problema es más amplio.
También lo vemos en el mundo de la tecnología: celulares, tablets, plasmas, computadoras, etc que se reemplazan cada pocos años (o incluso antes) aunque todavía funcionen.
El planeta genera aproximadamente 62 millones de toneladas de residuos electrónicos por año. Se estima que en la Argentina cada habitante genera 10.3 kilos de basura electrónica al año, un total de 465 mil toneladas, que equivalen al peso de 6642 Obeliscos o de 2527 aviones Boeing 737. Cifra que sigue creciendo exponencialmente. Menos del 25 % de estos residuos electrónicos se recicla correctamente, la mayoría termina en basurales o circuitos informales de reciclaje.
El negocio del deseo eterno
La lógica del mercado digital empuja constantemente hacia la renovación: nuevos modelos, actualizaciones, versiones más rápidas, cámaras mejores, diseños más livianos…y eso sumado a la gratificación instantánea que el cerebro traduce como dopamina cada vez que se agrega algo al carrito hacen un combo difícil de sortear con una mente fría.
La psicología del consumo hace tiempo dejó de tener como foco la necesidad real, para sumar causas como: es muy barato, es viral, me da status, etc.
A esto se le suma el ingrediente de industrias que están diseñadas para crear productos e indumentaria de bajísimo costo y calidad y materiales cero sustentables que están destinados a tener una cortísima vida útil (y contaminar).
El resultado es un ciclo que se repite con bastante facilidad: comprar – usar poco – tirar – volver a comprar. Un loop que se vuelve casi invisible cuando todo sucede a la velocidad del clic.
Datos: el carrito que no se ve
Hay otro tipo de consumo habitual que rara vez cuestionamos: el consumo de información. Noticias, posteos, videos, recomendaciones, reseñas, anuncios, contenido generado por inteligencia artificial, etc.
Se estima que el mundo genera más de 400 millones de terabytes de datos cada día.
Eso incluye desde correos electrónicos y publicaciones en redes sociales hasta contenido multimedia y actividad en plataformas digitales.
Puede parecer algo abstracto pero en la realidad el almacenamiento, la transferencia y el procesamiento de datos tienen un peso e impacto físico real.
Por ejemplo, se estima que un correo electrónico promedio genera alrededor de 4 gramos de CO₂, considerando la energía utilizada por servidores, redes y dispositivos (si tiene archivos adjuntos ese número aumenta considerablemente).
Lo mismo sucede con el almacenamiento de datos: millones de fotos, videos y archivos permanecen guardados en servidores aunque nunca vuelvan a consultarse.
Detrás de esa aparente “nube” casi etérea hay en realidad centros de datos físicos que consumen enormes cantidades de energía.
Así como elegimos qué comprar también deberíamos elegir qué información consumir y cuánta información generar
(¿son necesarias las 50 fotos en la misma posición que guardamos en el celular?)
¿Se puede consumir responsablemente?
Cuando hablamos de consumo responsable solemos pensar en reciclaje o sostenibilidad.
Pero en el ámbito digital implica hacerse preguntas simples (pero con honestidad brutal):
¿Realmente necesito esto o es viral?
¿Estoy comparando opciones o comprando por impulso?
¿Qué pasa con mis datos cuando acepto todas las cookies sin mirar?
Y esto último no es paranoia, es alfabetización digital. Porque internet no solo vende productos: también recopila y vende información sobre nuestros hábitos de consumo.
No hace falta convertirse en un monje minimalista del consumo, consumir responsablemente no implica consumir menos sino incorporar hábitos simples:
- ✸ Pensar antes de comprar: La facilidad del clic no siempre significa que lo necesitamos.
- ✸ Analizar el producto: Considerar su vida útil, calidad y materiales.
- ✸ Revisar políticas de devolución: Un detalle pequeño que evita muchos dolores de cabeza.
- ✸ Leer reseñas reales: El 99 % de los consumidores ya lo hace. No es casualidad.
- ✸ Cuidar datos personales: Aceptar cookies sin leer es el equivalente digital de firmar un contrato en blanco.
- ✸ Descartar con conciencia: Al momento de reemplazar el producto analizar si puede donarse, tener una segunda vida o ser parte de algún proceso de economía circular.
- ✸ Evitar correos innecesarios.
- ✸ Reducir calls que no aportan valor.
- ✸ Borrar archivos duplicados.
- ✸ Organizar la información que decidimos guardar.
En la economía digital el consumidor ya no es solo un comprador: es un actor dentro de un sistema enorme de datos, decisiones y consecuencias.
Entender esto es un paso firme no sólo para hacer cumplir los derechos sino para asumir la responsabilidad que éstos nos traen.
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