IA e Inclusión, ¿match imbatible o utopía?
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Y finalmente llegamos. A un punto donde la IA no sólo te lee el tarot, te hace una sesión de terapia o te arma una foto realista con los mejores villanos de la historia del cine de fiesta con Messi. También te permite diseñar websites y la base de una estrategia digital entera en el tiempo que te lleva hacerte un Capuccino (eso sí, nada de esto sirve si no se domina el arte de “promptear”).
Porque ese es el objetivo de casi cualquier desarrollo tecnológico sostenible: simplificar procesos, ahorrar tiempo (y por ende dinero), mejorar la calidad de vida….¿no?.
La paradoja etimológica
Si viajamos a su origen, la palabra INCLUSIÓN significa “la acción de encerrar o contener algo dentro de sus límites” (se forma a partir del prefijo in– : hacia dentro y el verbo claudere: cerrar, encerrar) y aunque en la actualidad su significado refiera a la acción de integrar a personas (o grupos) dentro de la sociedad garantizándole igualdad de oportunidades, es al menos irónico que su origen, hace miles de años atrás, siga presente representado en su ausencia.
Como sociedad nos resulta natural el concepto de “adaptarnos a nuevas tecnologías”. El costo que nos demanda aprender a dominarlas para mejorar nuestras oportunidades, calidad de vida, trabajos, etc nos resulta casi una obligación. Sin embargo, no estamos acostumbrados a verla como un derecho. Y, por ende, reclamar resultados.
La accesibilidad digital (inclusión en entornos digitales) no es un “nice to have”, es un derecho.
Es parte del corazón de la experiencia. Y no es sólo para “otros”.
Acá hablamos de diseñar y desarrollar experiencias que puedan ser usadas por todxs, independientemente de si tienen una discapacidad visual, auditiva, motriz, cognitiva…o simplemente están usando el celu con una mano mientras sostienen el café con la otra.
No se necesita ser una persona ciega para tener una discapacidad visual tan común como necesitar lentes recetados.
No se trata de etiquetar discapacidades a todo volumen para volverse el Batman que hace algo al respecto heroicamente (y de paso llena un cupo).
Se trata de aprehender que todxs podríamos tener algún grado de discapacidad que condicione nuestra cotidianeidad pero los mismos derechos.
Se trata de hacernos comunes (el significado literal de comunicarnos).
La IA como aliada
Hace tiempo que la IA viene desarrollando herramientas digitales para favorecer la accesibilidad digital, no es algo nuevo. Sin embargo el porcentaje de empresas y marcas que deciden sumarlas en sus procesos es altamente inferior a la demanda de su necesidad.
Pareciera que el chip sigue estando focalizado en “algo extra, un feature vistoso, ayudar…” cuando en la realidad un buen diseño de experiencia de usuario se traduce en llegar a más personas, reducir fricción, cumplir normativas, implementar innovación y, de paso, ser coherentes con la dirección esencial hacia la cual quiera ir una marca.
Un uso eficaz de la IA acelera estos procesos, reduce costos e impacta en la conversión, retención y posicionamiento.
Algunos ejemplos de lo que hoy podemos hacer con IA:
🔸Analizar y ajustar problemas de accesibilidad: existen diversos widgets y herramientas que se pueden integrar en webs y apps móviles para analizar y corregir estos problemas (desde el código hasta la personalización de perfiles).
🔸Convertir texto a voz (y voz a texto): los lectores automáticos potenciados con IA mejoran la entonación, ritmo y comprensión sin sonar como un robot de pelis de los 90.
🔸Generar subtítulos automáticos: en vídeos, lives, reuniones virtuales, casi en tiempo real.
🔸Describir imágenes: de forma automática a través de fotos, vídeo, captura y/o lector de pantallas.
🔸Adaptar interfaces: desde cambiar contrastes y tamaños de tipografía hasta simplificar textos complejos.
🔸Traducir idiomas: en tiempo real para reuniones virtuales.
🔸Dictar textos por voz: con predicción de texto y features de edición.
🔸Reconocer y transcribir habla no estándar o con impedimentos: para hacerla comprensible a la tecnología y a terceros.
🔸Navegación asistida: a través de programas de lectura de pantalla que permiten la exploración sin mouse.
La trampa del conocimiento objetivo
Es fácil y tentador caer en la ilusión de que la IA es una súper inteligencia superior que razona de forma 100% objetiva y provee información libre de sesgos.
Milagros Miceli (socióloga, doctora en ingeniería informática, fundadora de “Data Worker’s Inquiri” y recientemente nombrada en la revista Times como una de las 100 personas más influyentes en este campo) advierte, entre otras cosas, sobre el marketing que vende a la IA como objetiva mientras en la realidad esto es imposible simplemente porque detrás de cualquier IA hay humanos cargando datos.
Y, tomando en cuenta que la IA es básicamente estadística y probabilística en un nivel muy avanzado, basta con analizar qué datos se cargan y en qué medidas, para tener una idea de hacia dónde va a dirigir su respuesta (es fácil analizar esto pidiéndole a la IA que te genere ciertas imágenes sin darle contexto y ver el resultado. Por ejemplo, si se le pide que genere a “alguien productivo y exitoso” probablemente sea un hombre blanco, joven, en traje y corbata. Sin embargo, si se le pide que genere a una empleada doméstica todavía probablemente sea una mujer, de tez marrón y cabello oscuro).
Este es un tema por demás interesante y extenso, pero en lo relacionado a accesibilidad digital basta con comprender que la IA también puede excluír.
Si se entrena con datos sesgados, se implementa sin criterio o se usa como un parche rápido puede generar nuevas barreras en vez de derribarlas.
La accesibilidad no se delega. Se diseña, se prueba, se revisa y se mejora.
¿Entonces?
La IA es una herramienta extraordinaria y poderosa.
Que combinada con la accesibilidad digital puede derribar paredes cognitivas y físicas para mejorar la calidad de vida de millones de personas y darles nuevas formas de crecimiento personal y profesional.
Pero esto requiere voces conscientes y humanas detrás.
Tomadores de decisiones que entiendan que no es algo “extra” sino una forma de habitar el mundo digital integrando técnica y ética.
Y eso no es futuro, es ahora.
Porque cuando la tecnología es realmente buena, no se nota.
Simplemente funciona para todos.
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